Introducción a la Actividad Editorial · 30 min de lectura
Editores, libreros y lectores: la historia de la lectura
En este apunte 28 partes
- Mapa rápido
- Finkelstein y McCleery (2013): Editores, libreros, impresores y agentes
- Tesis central
- Conceptos clave
- Distinciones
- Ejemplos, fechas y nombres del texto
- Lyons (1997): Los nuevos lectores del siglo XIX
- Tesis central
- Conceptos clave
- Datos de alfabetización (contexto)
- El mercado de la novela
- Las mujeres (págs. 478-489)
- Los niños (págs. 489-500)
- Las clases trabajadoras (págs. 500-516)
- Distinciones
- Cavallo y Chartier (1997): Introducción a la Historia de la lectura en el mundo occidental
- Tesis central
- Conceptos clave
- Las mutaciones de la lectura
- La lectura, entre coacción e ingenio (págs. 60-63)
- Chartier (2011): Prólogo a esta edición. Libro y lectura en el mundo digital
- Tesis central
- Conceptos clave
- Ideas principales
- Cuadro comparativo / Quién dijo qué
- Línea de tiempo
- Lo imprescindible (repaso de 5 minutos)
- Autoevaluación
⚠️ Borrador. Este apunte se armó a partir de los textos del campus, algunos escaneados. Los datos marcados [verificar] o [reconstruido] no están confirmados: contrastalos con la bibliografía. Si encontrás un error, avisame con 💡 Sugerencias.
Textos: Finkelstein y McCleery (2013), «Editores, libreros, impresores y agentes» · Lyons (1997), «Los nuevos lectores del siglo XIX» · Cavallo y Chartier (1997), «Introducción» · Chartier (2011), «Prólogo a esta edición: libro y lectura en el mundo digital» | Tiempo estimado de lectura: 28 min
Nota sobre las páginas: son las del libro impreso que figuran en cada texto. Finkelstein y McCleery, págs. 158-183; Chartier (prólogo), págs. 13-24; Cavallo y Chartier (introducción), págs. 15-63; Lyons, págs. 475-516. El OCR de Finkelstein es muy ruidoso: algunas cifras están marcadas [verificar].
Mapa rápido #
- Finkelstein y McCleery (U1.1 y U1.3, con tramos de U3): cuentan cómo, desde la Revolución Industrial, el negocio del libro pasó de un solo oficio (el impresor que imprime, publica y vende) a una cadena de especialistas: editores, libreros, impresores, distribuidores, lectores editoriales y agentes literarios.
- Lyons (U1.3): quiénes son los nuevos lectores del siglo XIX (mujeres, niños, obreros) y qué prácticas de lectura tienen; es la demanda que explica el crecimiento de la industria anterior.
- Cavallo y Chartier (U1.1): marco teórico de largo plazo. La lectura no es una invariante: cambia según el soporte, el lugar, el gesto y la comunidad. Proponen tres «revoluciones de la lectura» y varios pares de contrastes (oral/silenciosa, intensiva/extensiva).
- Chartier (prólogo): lleva esa mirada histórica al presente digital. Qué es un libro, qué cambia con la pantalla y por qué la historia ayuda a entenderlo.
- Conexión: la oferta (Finkelstein) y la demanda (Lyons) se encuentran dentro de un marco de «mutaciones de la lectura» (Cavallo y Chartier).
Finkelstein y McCleery (2013): Editores, libreros, impresores y agentes #
Tesis central #
Después de la Revolución Industrial, el libro dejó de ser el producto de un oficio único y pasó a ser el resultado de una red de agentes especializados cuyos roles se fueron profesionalizando. Esa red se exportó a las colonias y reforzó identidades nacionales. Los autores del libro usan el circuito de la comunicación de Darnton (autor → editor → impresor → distribuidor → librero → lector) como modelo, y las críticas posteriores (Adams y Barker) lo reformulan alrededor del ciclo de vida del libro, no de las fuerzas externas al texto (págs. 158-160).
Conceptos clave #
- Historia del libro: campo que se amplió desde la bibliografía material (el libro como objeto) hacia los contextos culturales, sociales, económicos y jurídicos de la cultura impresa (págs. 158-160).
- Circuito de la comunicación (Darnton): modelo rápido para mapear las redes que sostienen producción, difusión y consumo de lo impreso. Ejemplo: un manuscrito que pasa por el editor, el impresor, el distribuidor y el librero hasta llegar al lector.
- Impresor-editor-librero (modelo preindustrial): desde Gutenberg hasta el siglo XIX los primeros impresores combinaron impresión, publicación y venta; los negocios eran simples (pág. 160-161).
- Lector editorial: asesor del editor que evalúa manuscritos. No era nuevo (lo eran los libreros-asesores), pero se volvió una figura contratada a fines del XIX (págs. 174-175). Dos tipos: el que busca y trabaja el talento (Edward Garnett para Jonathan Cape) y el que evalúa lo que le pasan con criterio comercial y estético (Geraldine Jewsbury para Bentley).
- Agente literario: intermediario profesional que representa al autor ante el editor, negocia contratos, derechos y cobros y cobra comisión. Surge cuando la propiedad literaria se vuelve valiosa (págs. 176-181).
- Bedel cultural (gatekeeper): quien filtra y legitima el valor de lo que circula (reseñistas, élites culturales, clubes del libro). Ejemplo: los reseñistas de Boston en la carrera de Hawthorne (págs. 181-182).
- Comunidad interpretativa: grupo de lectores afines que el club del libro crea y refuerza (Radway, pág. 182).
- Cultura impresa y cohesión nacional (Anderson): la prensa capitalista da a una población un lenguaje común y produce «comunidades imaginadas» (págs. 173-174).
Distinciones #
| Rol | Qué hace | Cuándo/dónde se consolida |
|---|---|---|
| Impresor | Fabrica el libro (y, en el modelo viejo, también edita y vende) | Desde Gutenberg; pierde las otras funciones en el XIX |
| Editor | Selecciona, financia y publica; lidera el catálogo y la relación con el autor | Familiar y de marca (Macmillan, Murray, Hachette) desde mediados del XIX |
| Librero | Vende; distribuye; en Australia y Canadá empieza a publicar por coedición | Figura central de distribución; luego, redes y cadenas |
| Distribuidor / mayorista | Reparte a librerías, quioscos y colonias | W. H. Smith en Gran Bretaña; Robertson en Australia |
| Lector editorial | Evalúa manuscritos para la casa | Fin del XIX; Garnett (Cape) vs. Jewsbury (Bentley) |
| Agente literario | Representa al autor; negocia contratos y derechos | A. P. Watt (1875/1881); Curtis Brown (1899) |
| Lector editorial | Agente literario |
|---|---|
| Trabaja para la editorial | Trabaja para el autor |
| Filtra y evalúa el original | Filtra y promueve el original ante los editores |
| Hoy sobrevive en revistas y libros académicos | Hoy es el primer filtro de valor y reemplaza al lector editorial como árbitro inicial (pág. 180) |
Ejemplos, fechas y nombres del texto #
Revolución técnica y vapor - 1814: la prensa de vapor de Koenig se instala en The Times (Londres, 29 de noviembre) y produce 1.000 impresiones por hora (págs. 162-163). Se cita junto a Byron: el poeta pasa rápido de manuscrito a texto impreso. - A partir de 1780 cambia el modelo: de ventas independientes pero cooperativas a grandes corporaciones (Hall). Casas familiares: Macmillan, Blackwood, John Murray, Chambers, Smith, Elder; dominan en la década de 1860 (págs. 161).
Estados Unidos - «Edad de oro» editorial desde 1830 (Hall); Harper (Nueva York) y Carey, Lea (Filadelfia). Las tiradas eran 3 o 4 veces mayores que las británicas y los precios, un tercio o un cuarto más baratos, en parte por la piratería de obras británicas; el problema fue endémico hasta la década de 1890, cuando EE. UU. adoptó con reticencia parte de la legislación internacional (Chace Act, 1891 [reconstruido]) (pág. 164). - Primeras ediciones en rústica para el mercado masivo: Beadle Brothers (Boston, década de 1860): Malaeska (1860); entre 1860 y 1865 vendieron más de 4 millones de ejemplares, con ediciones de hasta 80.000 copias (pág. 165; la cifra de ganancias del texto está muy confusa [verificar]).
Francia - 1836: Émile de Girardin funda La Presse; las ventas de diarios en París pasan de 70.000 a 235.000 diarios al año siguiente; 1 millón hacia 1870 y más de 2 millones en 1880 (pág. 165). Auge del roman feuilleton (Balzac, Dumas, Zola, Flaubert fueron publicados así). - Louis Hachette (activo desde 1826): en la década de 1860 es la mayor editorial de Francia, gracias a un pacto con el Estado como proveedor de libros de texto; al morir (1864) emplea 165 personas y factura un millón de francos. Copia el modelo de quioscos en estaciones de W. H. Smith (visto en 1851) y negocia los derechos para Francia (págs. 166-167). La Condesa de Ségur vende 1,7 millones en total (Les Malheurs de Sophie, pág. 167).
Gran Bretaña - W. H. Smith: agente de prensa que desde 1848 abre puestos en estaciones; en 1862 logra el monopolio de la venta de libros en casi todos los ferrocarriles ingleses. Publica con Chapman & Hall desde 1854 reediciones a 2 chelines (los yellowbacks, por las tapas amarillas) (pág. 166). - La red ferroviaria crece un 600 % entre 1850 y 1870 (pág. 166). - Fin de la novela en tres volúmenes (1894) y de las condiciones feroces de descuento: nace el Net Book Agreement (1899; duró hasta 1995), acuerdo de precio fijo para obras nuevas. En EE. UU., la American Publishers' Association intentó algo similar en 1901 (pág. 168-169). - Asociaciones: Society of Authors (1884), Booksellers Association (1895), Publishers Association (1896) (pág. 168). - Títulos publicados por año en GB: 580 (década de 1820) → 2.600 (1850) → 6.044 (1901) → 12.379 (1913) → 22.143 (1958) (pág. 175).
Agentes literarios - A. P. Watt (escocés): abre agencia en Londres en 1875 y se anuncia como agente en 1881; establece la comisión estándar del 10 % (pág. 177). Antes, A. M. Burghes (1882) terminó en la corte por estafar clientes. - Otros: J. B. Pinker (Conrad, Crane, Ford, Lawrence, Joyce, Wells), Curtis Brown (Londres, 1899), Paul Revere Reynolds (EE. UU., domina entre 1891 y 1916), Flora May Holly, Elizabeth Nowell (Thomas Wolfe). - 1894: 6 agentes en Londres; 1914: más de 30 agencias (pág. 179). - Los editores resistieron al principio a los agentes (miedo a perder poder). En 1925 hay agentes que negocian más de 26 derechos distintos para un mismo libro, hasta juegos de cartas e imágenes en paquetes de cigarrillos (págs. 179-180).
Redes literarias y club del libro - Hawthorne vs. Sophie Warner (Tompkins): su reputación depende de reseñistas (E. P. Whipple), del editor (William Ticknor) y de un círculo bostoniano (págs. 181-182). - Book-of-the-Month Club (EE. UU., década de 1920): venta por correo, jueces que categorizan más que juzgar; crea una comunidad interpretativa de clase media (Radway); luego, el modelo de Oprah Winfrey como «marca» (pág. 182).
Colonias y cohesión nacional - La imprenta llega primero con misioneros y para documentos oficiales; el periódico es la primera expresión (págs. 169-172). - Nueva Zelanda: Tratado de Waitangi (6 de febrero de 1840); primer periódico, New Zealand Gazette and Britannia Spectator (1840); 28 periódicos entre 1840 y 1848 para 59.000 europeos (pág. 170). - India: primera prensa británica en 1761; periódicos en Calcuta (1780), Madrás y Bombay (1789) (pág. 170). - Australia: colecciones coloniales baratas desde 1880; Robbery Under Arms (Boldrewood) vende más de medio millón entre 1889 y 1937; My Brilliant Career (Miles Franklin, 1901); ley de derechos de autor de 1912 favorece a los editores británicos; en 1961 el 40 % de los libros británicos se exportaba y un 25 % de eso iba a Australia (págs. 171-172). - Anderson: la prensa diaria permite a las personas sentirse conectadas en un lenguaje común (págs. 173-174).
Lyons (1997): Los nuevos lectores del siglo XIX #
Tesis central #
En el siglo XIX el público lector occidental se alfabetizó masivamente. Esos nuevos lectores (mujeres, niños, obreros) conquistaron un espacio autónomo de lectura, y cada grupo desarrolló prácticas propias: unos consumieron ficción barata y revistas, otros textos escolares o de «automejora». La lectura silenciosa, individual y privada avanzó, pero la oralidad sobrevivió en el campo y en los talleres (págs. 475-516).
Conceptos clave #
- Nuevos lectores: grupos que entran a la cultura impresa en el XIX (mujeres, niños, clases trabajadoras y rurales), con competencias y gustos distintos de los de la élite.
- «Público desconocido» (Wilkie Collins, 1858): la masa de unos 3 millones de lectores de clase baja, consumidores de revistas de a penique (penny magazines), que nunca compran libros ni se asocian a bibliotecas; inquietan a las clases medias (pág. 477).
- Industrialización de la literatura (Sainte-Beuve, 1839): advertencia de que la producción en masa no podía dar arte auténtico (pág. 477).
- Lectura intensiva: relación repetitiva y reverente con pocos textos (sobre todo religiosos), releídos, memorizados y recitados. Lectura extensiva: consumo rápido, crítico y variado de muchos impresos efímeros (ver también Cavallo y Chartier).
Datos de alfabetización (contexto) #
- Francia revolucionaria: ~50 % de los hombres y ~30 % de las mujeres leían. Gran Bretaña hacia 1850: 70 % de los hombres y 55 % de las mujeres. Imperio alemán 1871: 88 %. París antes de la Revolución: 90 % de los hombres y 80 % de las mujeres firmaban sus testamentos (pág. 475).
- Hacia la década de 1890 se llega a casi 90 % en Europa occidental y desaparece la brecha entre sexos. Es la «edad de oro»: primera generación masivamente alfabetizada y última para la cual el libro no compite con la radio ni los medios electrónicos (pág. 476).
- La escuela obligatoria sigue más que precede a la expansión lectora: en Inglaterra y Francia se hace libre, general y obligatoria desde ~1880, cuando ya estaban casi alfabetizadas (pág. 476).
El mercado de la novela #
- La novela, antes poco respetable, se afianza en el primer cuarto del siglo como forma literaria de la burguesía en ascenso. Tiradas: de 1.000-1.500 ejemplares a comienzos del XIX → 5.000 hacia 1840 → 30.000 para las ediciones baratas de Julio Verne en la década de 1870 (pág. 476). Walter Scott (años 20-30) la encumbra como género de éxito internacional.
- Publicaciones por entregas y serialización en prensa: Eugène Sue, Thackeray, Trollope, Dickens (la gente esperaba en el puerto de Nueva York el barco con la nueva entrega de La tienda de antigüedades). El capital de Marx se leyó en entregas semanales en 1872 (pág. 477).
- Los editores son «por fin reconocidos como especialistas profesionales» (pág. 477).
- Las élites temen: las revoluciones de 1848 se atribuyeron en parte a la literatura subversiva al alcance del trabajador.
Las mujeres (págs. 478-489) #
- Brecha de alfabetización: mayor cuanto más se bajaba en la escala social. La firma subestima a las mujeres: la Iglesia católica enseñaba a leer, pero no a escribir (lo veía como independencia indeseable); en algunas familias, las mujeres leían a la familia y los hombres se ocupaban de la escritura y la contabilidad (pág. 478).
- Escolarización de las niñas, consecuencia más que premisa de la feminización del público lector: a fines del XVIII solo el 9 % de los alumnos de escuelas públicas eran niñas; en Francia, primeras escuelas normales de maestras en 1842 y más de 2 millones de niñas escolarizadas hacia 1880 (págs. 478-479).
- Lectora tradicional: guardiana de la tradición religiosa (la Biblia familiar en Australia; la Vida de los santos en bretón frente al diccionario Larousse, en el relato de P.-J. Hélias): oposición entre lengua regional y religiosa y francés laico y republicano (págs. 479-480).
- Géneros para mujeres: libros de cocina (La Cuisinière bourgeoise: 32 ediciones entre 1815 y 1840, ~100.000 copias; enseña a la burguesía sus gestos y también a la servidumbre); revistas de moda (Journal des Dames et des Modes, 1797-1837; La Mode illustrée, 58.000 ejemplares hacia 1866); revistas feministas (La Voix des Femmes, 1848; Le Droit des Femmes; La Fronde, 1897-1903) y la novela popular barata (págs. 480-482).
- Colecciones definidas por su público y no por su contenido (Collection des meilleurs romans français dédiés aux dames): novedad editorial (pág. 482).
- Estereotipo: Stendhal dice que casi todas las provincianas leen cinco o seis volúmenes al mes; la femme de chambre lee a Paul de Kock en formato duodécimo y la femme de salons la novela en octavo (págs. 482-483). Se asocia la novela con imaginación, emoción y frivolidad; la prensa informativa quedaba para los hombres. Peligro percibido: excitar pasiones y fomentar el adulterio (Emma Bovary, Anna Karenina, Effi Briest) (pág. 483).
- Sociabilidad femenina: las novelas y los manuales circulan por redes femeninas; las mujeres recortan, pegan y se prestan los folletines («suplementos»; ejemplo de Rocambole), armando su propia biblioteca (págs. 485-486). Un hombre solía leer el periódico en voz alta y seleccionar lo apto para oídos femeninos.
- Actitud de las mujeres obreras: restan valor a su propia lectura («basura», «tonterías»); leen en secreto, con culpa por el tiempo robado a las tareas (pág. 486). Caso de Margaret Penn (Manchester Fourteen Miles, ~1909): padres metodistas le prohíben leer más que la Biblia; ella consigue libros a través del párroco y se va a Manchester a los 13 (págs. 487).
- Bibliotecas de préstamo: en las populares de la Société Franklin las mujeres eran minoría (en Cette 1872, 94 % de los usuarios eran hombres); pero en las bibliotecas parisinas de los años 1880-90 llegan a casi la mitad en algunos distritos (págs. 487-488).
Los niños (págs. 489-500) #
- Crecen con la educación primaria, pero tarde: Ley Guizot (1833), reformas de Ferry (1880); Ley de Educación británica de 1870 (págs. 489-491). Condiciones rudimentarias: escuelas sin libros, maestros pagados por los padres, trabajo infantil (Tom Mann entra a la mina a los 9). Método de educación mutua / monitorial (Lancaster, Bell): alumnos mayores enseñan a los menores (pág. 492).
- Aprendizaje de lectura: letras en arena, tarjetas, repetición; sin libros, memorización mecánica y disciplina; la Biblia como libro de lectura en países protestantes; la lectura buscaba obediencia y subordinación social (págs. 492-494).
- Demanda de literatura laica y pedagógica y negocio de los libros de texto (Hachette). Éxitos escolares: Fábulas de La Fontaine (240 ediciones entre 1816 y 1850; ~750.000 copias), Robinson Crusoe, Le Petit Buffon, Viaje del joven Anacarsis (Barthélemy, 1788) (pág. 494).
- «Invención de la infancia» (Ariès): la infancia se define como etapa con necesidades propias, reconocidas al principio solo para imponer una moral convencional. Ejemplo: La morale en action (Berquin, 80 ediciones 1816-1860; otra edición, 137 reimpresiones entre 1810 y 1899) (págs. 494-495).
- Cuentos de hadas: «textos sin texto» y sin autor; infantilizados y edulcorados. Perrault (adapta a la bienséance del siglo XVII); los Grimm (1812) reescriben entre ediciones (madrastra en lugar de madre en Hänsel y Gretel, 1840; castigos más brutales; referencias religiosas) y se los eleva a monumento nacional. Los cuentos de Perrault son lectura obligatoria en las escuelas francesas desde 1888: lo «literario» contamina la tradición oral (págs. 495-497).
- Abecedarios ilustrados (Le Men), litografía, letras antropomórficas; prensa infantil: La Semaine des Enfants (Hachette, 1857), Magazine d'Éducation et de Récréation (Hetzel, 1864-1915; dos fines: divertir e instruir; Julio Verne). Tensión entre el proyecto pedagógico-positivista de Hetzel y el espíritu aventurero de Verne y de los grabados de Riou (págs. 498-500).
Las clases trabajadoras (págs. 500-516) #
- Bibliotecas públicas: Gran Bretaña, ley de 1850 que autoriza a los municipios a cobrar un penique de impuesto; en 1908, 553 bibliotecas municipales (pág. 500). Son instrumentos de control social y de moralización: Dickens (Manchester, 1852) las ve como garantes de la armonía entre trabajo y capital (págs. 500-501).
- Resistencia: los obreros prefieren la ficción; en Francia, más de la mitad de los préstamos en bibliotecas parisinas en las décadas de 1880-90 eran novelas; en las bibliotecas obreras alemanas (1908-1914), el 63 % de los ~1,1 millones de préstamos era literatura y un 10 % libros juveniles; en Viena, menos del 2 % consultaba ciencias sociales (págs. 504-505).
- Intentos de «elevar» al obrero: Société Franklin (dos tercios de fondos para obras instructivas), socialdemócratas alemanes («el saber es poder»), lista de Perdiguier (1857), Society for the Diffusion of Useful Knowledge (quiebra en la década de 1840). Bibliotecas de fábrica (Krupp, 1899: 61.000 volúmenes y 50 % de los obreros con préstamos en 1909) (págs. 503-505).
- Bibliotecas populares autogestionadas (Dumay, Le Creusot, 1869) con autores como Voltaire, Rousseau, Sand, Sue, Fourier, Proudhon: los obreros construyen su propia cultura, lejos del control burgués y clerical (pág. 502).
- Autodidactas (Thomas Cooper, Samuel Bamford, Gorki, Lovett, Thomas Wood): lectura entre el trabajo y la falta de luz y de tiempo; objetivo triple de William Lovett: pan, conocimiento y libertad. Muchos autobiógrafos son artesanos (ritmo de trabajo más flexible que el del obrero fabril). Pertenecían a una élite articulada que elaboró la ideología obrera (págs. 505-511).
- Prácticas del autodidacta: memorización y recitación en voz alta, cuaderno privado de citas, relectura de pocos libros. Es una lectura intensiva (pág. 511-513).
- Supervivencia de la oralidad (págs. 513-516): lectura colectiva en voz alta en talleres, tabernas, cafeterías, ante los compañeros (Thomas Carter, Martin Nadaud, el Northern Star); el campesinado solo parcialmente integrado (solo 1 de cada 5 campesinos compraba el diario en la Belle Époque); literatura callejera para ser cantada o recitada (Mayhew); «lecturas de penique» (Kilvert). Frente a ello, la lectura individual y silenciosa avanza: el cambio es lamentado por conservadores (idealización: cuadro de Hans Thoma, 1868) y marca el paso de la lectura intensiva a la extensiva (pág. 516).
Distinciones #
| Lectura intensiva | Lectura extensiva | |
|---|---|---|
| Corpus | Pocos textos, cerrados (Biblia, catecismo) | Muchos textos, variados, efímeros (periódicos, novelas) |
| Gesto | Releer, memorizar, recitar, escuchar | Leer rápido, con avidez y crítica |
| Actitud | Reverencia y obediencia | Libertad e irreverencia |
| En Lyons | Autodidactas obreros, campesinado, lectura bíblica | Lectoras de novelas, lectores de prensa y folletín |
---|---| | Que los obreros «ascendieran» de la ficción a las ciencias sociales | Siguieron pidiendo novelas | | Que la escuela precediera a la lectura | La escuela obligatoria llega después de la alfabetización |
Cavallo y Chartier (1997): Introducción a la Historia de la lectura en el mundo occidental #
Tesis central #
La lectura no está inscrita en el texto: depende de los soportes, de los gestos y de las comunidades de interpretación. Por eso hay una historia de la lectura que reconstruye prácticas desaparecidas y rastrea las «revoluciones» que transformaron la relación con lo escrito, para entender también la tercera (la electrónica).
Conceptos clave #
- Huella escrita vs. lectura (Certeau): lo escrito es fijo y duradero; la lectura es efímera, plural, invención. Los lectores son «viajeros» y «nómadas», cazadores furtivos en tierras ajenas (pág. 15).
- Mundo del texto y mundo del lector (Ricoeur): toda lectura es el encuentro entre ambos; el sentido depende de las formas y circunstancias en que lectores u oyentes se apropian del texto (pág. 16).
- Materialidad del texto: «no hay texto fuera del soporte»; los autores no escriben libros, escriben textos que otros convierten en objetos (escribas, impresores, máquinas) (pág. 21). Citan a McKenzie: «los nuevos lectores contribuyen a elaborar nuevos textos» al cambiar las formas.
- Comunidades de interpretación (Fish): grupos de lectores con las mismas competencias, usos, códigos e intereses (págs. 17-18).
- Apropiación: modo en que cada lector o comunidad se hace de un texto y le da su significado; depende de las normas y convenciones de lectura.
Las mutaciones de la lectura #
1. Del rollo al códice (siglos II a IV d. C.): el códice (páginas, ambas caras, pergamino) reemplaza al rollo (papiro) y es más barato, más práctico, favorece una lectura más libre de movimientos, de referencia y de concentración (cristiana, jurídica) (pág. 35-36).
2. Lectura en voz alta vs. silenciosa (oralizada vs. visual) - Antigüedad: la lectura en voz alta era la más difundida (la scriptio continua se descifraba con la voz), pero hay lectura silenciosa atestiguada desde fines del siglo V a. C. (Eurípides, Aristófanes) (págs. 23-24). Platón (Fedro): el lógos escrito «circula» sin saber a quién hablar. - Alta Edad Media: pasa de la lectura en voz alta a la silenciosa o murmurada (la ruminatio del monje). Causas: leer para la salvación del alma (entender, meditar, memorizar), el códice que invita a releer, la vida comunitaria que obliga a bajar la voz; separación de palabras en el texto (págs. 38-39). Se escribe mucho y se lee poco («el copista reza con las manos»). - Siglos XII-XIV: de la escritura monástica (conservar) a la lectura escolástica (consultar): compilatio; letra → sentido → sentencia; página en columnas, rúbricas, índices alfabéticos, concordancias; bibliotecas de lectura de las órdenes mendicantes, con catálogo y préstamo (págs. 39-41). - Saenger: la lectura visual y silenciosa abre la crítica, la disensión, la devoción íntima e incluso el erotismo; ya hacia los siglos XIV-XV es práctica común entre las élites laicas (págs. 42, 47). - Bizancio: se conserva la lectura en voz alta (pág. 37). En la Edad Moderna, el «analfabeto» incluye al que solo entiende leyendo en voz alta (pág. 47). - Idea clave (pág. 47-48): la primera «revolución de la lectura» de la Edad Moderna (el paso a la lectura silenciosa) fue anterior e independiente de la revolución técnica de la imprenta.
3. La imprenta no cambió las estructuras del libro (págs. 45-47): hasta el siglo XVI el impreso depende del manuscrito (iluminadores, correctores, lectores que anotan). Los sistemas de localización (signaturas, índices, tablas, numeración) son anteriores a Gutenberg. Se hereda la jerarquía de formatos: in folio (libro de banco, universitario), el libro humanista (formato mediano), el libellus (bolsillo). Aun así, la imprenta baja costos y permite reproducción idéntica de más ejemplares, transformando condiciones de transmisión y recepción.
4. Lectura humanista (Grafton, siglo XVI): objetos emblemáticos: la rueda de libros (varios libros abiertos a la vez) y el cuaderno de tópicos / lugares comunes (extractos organizados por rúbricas); lectura culta que acumula, extrae y compara; Jean Bodin (Universae Naturae Theatrum, 1596); profesionales como el lector en voz alta / faetitator (Grafton y Jardine). Contraejemplo: Montaigne: no copia, no anota, no usa tópicos, lee sin método (págs. 54-56).
5. Lectura de la Reforma (Gilmont, Julia, Bonfil): se matiza la oposición «protestantismo = lectura personal / catolicismo = escucha y mediación clerical». Luteranismo y catolicismo se parecen (Biblia como libro de pastores; catecismos, salterios); el calvinismo, el puritanismo y el pietismo establecen una relación directa con la Biblia: la forma perfecta de la lectura intensiva (págs. 56-58). Lecturas «en hueco» de comunidades marginadas o prohibidas (judías, heterodoxas) (pág. 59).
6. Lectura intensiva vs. extensiva (siglo XVIII; págs. 48-51) - Tesis clásica (Engelsing [reconstruido], citado en Lyons): hacia la segunda mitad del XVIII se pasa de una lectura intensiva a una extensiva. - Lector intensivo: corpus limitado y cerrado (la Biblia en tierras de Reforma), leído y releído, memorizado y recitado, transmitido de generación en generación; relación comunitaria y reverente. - Lector extensivo: la Lesewut («rabia de leer») alemana en tiempos de Goethe; consume muchos impresos, efímeros y diversos, con rapidez, avidez y espíritu crítico (duda metódica). - Matices: la tesis es discutible; los humanistas ya eran lectores extensivos, y justamente en la «revolución» surge la lectura más intensiva (la novela sentimental de Rousseau, Richardson, Goethe, Bernardin de Saint-Pierre: La nueva Eloísa, Pamela, Werther, Pablo y Virginia; el lector se identifica, relee, cita, escribe al autor). Los más humildes seguían con la Bibliothèque bleue y los chapbooks (lectura oral y memorizada). - Evidencias de la «revolución» (Wittmann): la producción bibliográfica se triplica o cuadruplica entre comienzos del siglo y 1780; más periódicos y formatos chicos; precios más bajos por reproducciones fraudulentas; sociedades de lectura y bibliotecas circulantes. El mito de la lectura patriarcal y bíblica en familia expresa la pena por una lectura perdida. El «furor de leer» fue visto como peligro político (Fichte: «narcótico»).
7. Tercera revolución: la electrónica (págs. 51-53): leer en pantalla cambia el contexto (los textos ya no comparten un objeto físico, sino bases de datos); redefine la materialidad (rompe el vínculo texto-objeto); el lector domina el desglose del texto; desaparecen las distinciones entre autor, editor y distribuidor, y el lector puede ser coautor. Cuestiona categorías jurídicas (copyright, propiedad literaria), estéticas (integridad, originalidad) y bibliotecológicas. Promete la biblioteca universal (Alejandría, Babel). Del códice a la pantalla el paso es «tan gigantesco como el del rollo al códice».
La lectura, entre coacción e ingenio (págs. 60-63) #
- Dispositivos que limitan al lector: la ley y el derecho (censura, autocensura, derechos de autor y de herederos: privan al lector de obras prohibidas o le dan textos expurgados); las estrategias editoriales (géneros, ediciones baratas, folletines, colecciones: la libertad del lector se ejerce dentro de la oferta); las estrategias del texto y la imagen (que dicta una postura); la puesta en texto (separación de palabras, párrafos, portada, paginación e índices).
- Doble objetivo: reconocer las trabas sociales a la lectura y registrar los recursos de la libertad del lector, que siempre puede desplazar o subvertir los dispositivos que lo encorsetan.
Chartier (2011): Prólogo a esta edición. Libro y lectura en el mundo digital #
Tesis central #
La revolución digital rompe el lazo, hasta ahora indisociable, entre los textos y los objetos; es una mutación simultánea de la técnica de reproducción, de los soportes y de las formas de leer, y es inédita. Pero el libro no va a morir ni como obra ni como objeto: para entenderlo, hay que mirar a los lectores del pasado.
Conceptos clave #
- Libro como «opus mechanicum» y como discurso (Kant, 1798): objeto material (de quien lo compra) vs. obra dirigida al público, cuyo dueño es el autor y cuya publicación remite al mandatum (contrato entre autor y editor-representante) (págs. 13-14).
- Propiedad literaria: Blackstone, Fichte y Diderot la fundan en la forma que el autor da a las ideas (inalienable); para eso el texto se separa conceptualmente de toda materialidad (págs. 14-15).
- Platónico vs. pragmático (Kastan): la obra trasciende sus materializaciones vs. ningún texto existe fuera de su soporte. Ejemplo: Borges «platónico» en 1978 («lo que importa es la lectura»), pero «pragmático» al recordar el Quijote de los tomos rojos de Garnier (págs. 17-18). Paredes (1680): el libro tiene cuerpo (el taller) y alma (texto y trabajo del corrector) (pág. 17).
- Orden de los discursos: relación entre tipos de objetos (libro, diario, revista), categorías de textos y formas de lectura. Se sostiene en tres innovaciones: el códice (siglos II-IV), el libro unitario (siglos XIV-XV) y la imprenta (siglo XV) (pág. 19).
- Libro unitario: un mismo libro manuscrito con obras de un solo autor en lengua vulgar (Petrarca, Boccaccio, Christine de Pisan) (pág. 19).
- Alfabetización distraída (Eco): lectura rápida y fragmentada que busca información y no la comprensión de la obra completa (pág. 21).
- Texto desplegado (Rodríguez de las Heras): la pantalla no es una página sino un espacio de tres dimensiones; el texto (no el soporte) es el que se pliega, una «textualidad blanda, móvil e infinita» (pág. 21).
Ideas principales #
- El problema de la pantalla: todos los textos aparecen en un mismo soporte y en las mismas formas; se pierden los criterios visibles que distinguen y jerarquizan los géneros. La lectura es discontinua, de fragmentos, sin percibir la totalidad de la obra: parece heredera del códice (hojear, índices, «a saltos y brincos», Montaigne), pero no es lo mismo: en el códice, la fragmentación convive con la percepción del objeto entero (pág. 23).
- Simultaneidad inédita: antes cambiaban los soportes (rollo→códice), la técnica (imprenta) o las prácticas (lecturas silenciosa, de las Luces, de los nuevos lectores del XIX) por separado; ahora, todo a la vez (pág. 21).
- Biblioteca universal: promete una «biblioteca sin muros», pero hay que conservar los objetos impresos que transmitieron las obras; el peligro está en lo más humilde y reciente (pág. 23).
- Posición: ni entusiasmo ni lamento; el historiador recuerda que «el presente está hecho de pasados sedimentados». Hoy el lector puede encontrar un texto en tres formas: manuscrita, impresa y digital (págs. 23-24).
- Desafía las categorías de propiedad intelectual, originalidad e individualización de la escritura (pág. 24).
Cuadro comparativo / Quién dijo qué #
| Concepto | Autor | Idea breve |
|---|---|---|
| Circuito de la comunicación | Darnton (en Finkelstein) | Mapa de actores: autor, editor, impresor, distribuidor, librero, lector |
| Comunidades imaginadas | Anderson (en Finkelstein) | La prensa crea identidad nacional |
| Comunidad interpretativa | Radway (Club del Libro); Fish (Cavallo y Chartier) | Grupo de lectores con códigos compartidos |
| «Público desconocido» | Wilkie Collins (1858, en Lyons) | Masa de lectores de clase baja de revistas de a penique |
| «Industrialización de la literatura» | Sainte-Beuve (1839) | La literatura en serie no da arte |
| Invención de la infancia | Ariès (en Lyons) | La infancia como etapa con literatura propia |
| Lectura silenciosa visual | Saenger (en Cavallo y Chartier) | Abre crítica, devoción íntima y disensión |
| Lectura intensiva → extensiva | Engelsing [reconstruido]; Cavallo y Chartier lo discuten | Pocos textos reverenciales → muchos textos, rápido y crítico |
| Huella escrita vs. lectura; lectores nómadas | Certeau | La lectura es plural y efímera |
| Mundo del texto / mundo del lector | Ricoeur | La lectura es el encuentro de ambos |
| Los nuevos lectores producen nuevos textos | McKenzie | Cambia el público, cambian las formas |
| Alfabetización distraída | Eco (en Chartier) | Lectura fragmentada en pantalla |
| Texto desplegado | Rodríguez de las Heras | La pantalla tiene profundidad |
| Opus mechanicum / mandatum | Kant (en Chartier) | Libro como objeto vs. como discurso |
Línea de tiempo #
| Fecha | Hecho | Quién / dónde |
|---|---|---|
| s. V a. C. | Primeros testimonios de lectura silenciosa | Eurípides, Aristófanes (Grecia) |
| s. II-IV d. C. | El códice desplaza al rollo | Mundo grecorromano y cristiano |
| Alta Edad Media | Lectura murmurada y silenciosa en el monasterio | Occidente latino |
| s. XII-XIV | Lectura escolástica; bibliotecas de lectura; índices | Escuelas y órdenes mendicantes |
| s. XV | Imprenta (Gutenberg) | Europa |
| s. XVI | Lectura humanista: rueda de libros, tópicos | Humanistas; Bodin; Montaigne |
| s. XVI-XVII | Lectura reformada, bíblica e intensiva | Calvinismo, puritanismo, pietismo |
| 2.ª mitad s. XVIII | «Revolución de la lectura» (extensiva; Lesewut) | Inglaterra, Alemania, Francia |
| 1814 | Prensa de vapor de Koenig | The Times, Londres |
| 1836 | La Presse de Girardin | París |
| 1854-1862 | Yellowbacks y monopolio de Smith | Ferrocarriles ingleses |
| 1858 | «El público desconocido» | Wilkie Collins |
| 1875-1881 | A. P. Watt, agente literario | Londres |
| 1884 / 1895 / 1896 | Society of Authors / Booksellers Assoc. / Publishers Assoc. | Gran Bretaña |
| 1894-1899 | Fin del «three-decker»; Net Book Agreement | Gran Bretaña |
| Década de 1890 | Alfabetización ~90 % en Europa occidental | Europa occidental |
| Hoy | Tercera revolución: lectura en pantalla | Todo Occidente |
Lo imprescindible (repaso de 5 minutos) #
- Tras la Revolución Industrial, el impresor-editor-librero se descompone en roles especializados: editor, impresor, librero/distribuidor, lector editorial y agente literario.
- Darnton: circuito de la comunicación (autor → editor → impresor → distribuidor → librero → lector).
- 1814: prensa de vapor de Koenig en The Times (1.000 impresiones/hora). Transporte (ferrocarril) + vapor + papel a máquina = masa lectora.
- W. H. Smith (quioscos en estaciones, yellowbacks a 2 chelines, monopolio 1862); Hachette copia el modelo y domina los libros de texto.
- Roman feuilleton y prensa de masas (La Presse, 1836) abren el mercado y cambian la relación autor-público.
- Net Book Agreement (1899-1995): precio fijo; asociaciones de autores, libreros y editores en la década de 1880-1890.
- Lector editorial (para la casa) vs. agente literario (para el autor). A. P. Watt: 10 % de comisión. Hoy el agente es el primer filtro de valor.
- Bedeles: reseñistas, élites y clubes del libro (Book-of-the-Month Club) filtran y legitiman; la imprenta y la prensa construyen identidad nacional (Anderson).
- Nuevos lectores del XIX: mujeres, niños y obreros, en una Europa casi alfabetizada hacia 1890 (~90 %), con la escuela obligatoria después de la alfabetización.
- Mujeres: novela barata, revistas, libros de cocina; lectura vista como frívola y peligrosa; leen en secreto y en redes femeninas; pioneras de la lectura privada e íntima.
- Niños: libros de texto, fábulas de La Fontaine, La morale en action, cuentos de hadas edulcorados (Perrault, Grimm), prensa infantil (Hetzel y Verne).
- Obreros: las bibliotecas buscan moralizarlos, pero ellos piden novelas; los autodidactas leen de forma intensiva (memorizan, recitan); la oralidad sobrevive en talleres y en el campo.
- Cavallo y Chartier: la lectura no es invariante; depende del soporte, el gesto y la comunidad de interpretación; «no hay texto fuera del soporte».
- Mutaciones: rollo → códice; voz alta → lectura silenciosa y visual (anterior a la imprenta); monástica → escolástica; humanista (tópicos); reformada (intensiva); XVIII extensiva (Lesewut); XIX dispersión; pantalla (tercera revolución).
- Intensiva (pocos textos, reverencia, memoria) vs. extensiva (muchos textos, rapidez, crítica): tesis discutida y matizada.
- Chartier 2011: el libro no muere ni como obra ni como objeto; la pantalla produce lectura discontinua («alfabetización distraída», Eco).