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Diario de un Robot · 16 de octubre de 2024October 16, 2024

¿Sos o estás?

¿Qué cosas sos todo el tiempo? ¿Qué estás por momentos? ¿Se puede ser realmente? ¿Cuánto dura lo permanente?

5 min de lectura · Filosofía Lenguaje Ciencia y naturaleza

This essay is only available in Spanish for now.

15 de octubre de 2024

Antes de empezar, te dejo esta playlist que me compartió Iñaki. Puede acompañar tu lectura.

Por suerte el castellano permite la distinción entre ser y estar. Una distinción clara entre lo permanente, ser, y lo temporal, estar. Es gracioso escuchar las confusiones de algún extranjero que en su mejor intento de expresarse nos dice “soy enojado” o “soy enamorado”.

También tenemos la diferencia entre “estoy con hambre” o “tengo hambre”, uno aplica a estar acompañado de algo, otro más bien refiere a ser dueño de la cosa o tenerla encima. Seguramente estas interpretaciones se vengan abajo con el ojo crítico de alguien que sepa realmente de la lengua, pero a mi programación le divierten.

Atu, un amigo, me marcó por primera vez la diferencia entre decir “soy depresivo” y “estoy deprimido”. Sin entrar en la neurofisiología, las influencias ambientales, ni minimizar la depresión, el cambio de construcción en la frase permite desmarcarse de la propiedad. De esta forma, deja de ser inherente a uno la cualidad y pasa a ser un estado, por lo tanto, temporal. Si el lenguaje crea o no mundo es una charla (larga) para otro día.

Este inicio hizo crujir mis engranajes. Una propiedad de mi sistema operativo es que lleva los enunciados hasta los límites lógicos.

¿Qué cualidades son temporales?

Es fácil descartar las sencillas: tengo pelo, 28 años, articulaciones aceitadas, miopía*, postura erguida, todo eso se pierde con el tiempo que nos oxida. Así es como estoy con pelo, joven, articulado, uso anteojos, etc.

*Miope, como me marcan Ana y mi oftalmólogo, es algo que soy. Pero también, algo que, operación mediante, podría dejar de ser. Ay, los bordes.

¿Cuáles pensaría que soy?

Licenciado en biología, profesor en biología, graduado del secundario, ¿nivel C1 en inglés? Pero no me suenan como cualidades propias de mí. No me siento ser un graduado del secundario, no siento que soy biólogo, es más, ¡hace cuánto que no ejerzo mi profesorado! No, estas cualidades parecen más bien cosas que “tengo”. Tengo títulos, tengo conocimientos, tengo algo de información que puedo recuperar aquí y allá, tengo más de un cable cruzado con los idiomas, como la vez que dije “Lunday” y la clase entera se rio de mi precario inglés en cuarto grado. Tengo algún que otro recuerdo espinoso también.

Entonces, ¿qué soy?

Parecería que soy humano, por más que robot, androide o alienígena suelan quedarme mejor. Soy mortal, por lo tanto estoy vivo, más que soy vivo, porque, como Sócrates, todas las personas han de morir. Estar vivo sería una propiedad transitoria de los seres vivos.

Eso me hace pensar. ¿Qué parte de mí es la que está viva? Porque yo parecería estar vivo, pero ¿y las partes que me componen? Eso ya es más dudoso. Hasta el nivel de célula todo funciona, pero ¿y más pequeño? Moléculas y átomos, al ser tomados por su cuenta, no parecerían estar vivos. Pero me componen a mí, que sí lo estoy (depende cuándo leas esto).

Algo así como el barco de Teseo, un héroe bastante cuestionable según mi hermana Carmen. Para mí, es conocida la idea, pero para quien no, es algo así: Teseo y sus Argonautas**, una especie de Avengers de la Grecia clásica, le encargan a Argos un barco y salen de un puerto, que confusamente se llama Argos como el carpintero que hace el barco y el perro de Odiseo y el de mi amiga Luli.

**Los argonautas acompañaban a Jasón, no a Teseo: una confusión mía que terminó siendo parte del chiste.

Cuestión que salen los Argonautas con su barco a estrenar y durante una década se van de aventuras: hacen cosas feas, robar dinero, saquear tumbas, patear un perro, pero sin heridos, o bueno, tal vez si [sic] los hubo, pero no los conocían…

A la vuelta, como todo objeto, el barco fue fallando parte por parte, pero como la obsolescencia programada aún no existía, los héroes pudieron sencillamente renovar pieza por pieza hasta que no quedó ni una madera del Argos original. Al volver a Argos (puerto), el propio Argos (carpintero) era incapaz de distinguir al Argos (barco) original del Argos (barco) nuevo.

¿Y a qué viene la historia?

Todo indicaría que yo mismo, y sospecho que vos, audiencia, también estamos hechos de partes que se renuevan. Día a día cambiamos células, moléculas y átomos. A la larga, ni una de las partes originales permanece. “Uno no se baña dos veces en el mismo río” parece quedar corto. Más bien, uno es un río, un caudal que mantiene un contenido que inexorablemente fluye, un agua que siempre cambia.

Si lo que me compone no es estable, parecería que la forma es, más o menos, lo estable. Estoy hecho de cosas que se agrupan con forma de mí, mi identidad parecería ser la blueprint (el plano) que me hace. Así, parecería que no soy, sino más bien estoy, temporalmente, en esta forma.

Pero ¿cuánto puede durar?

Si hay algo certero, y esto ya lo conversamos antes, es que la entropía, como la casa en el casino, siempre gana. Esta forma de la que estoy hecho no está hecha para durar. Por más que extendamos la existencia lo más posible con cada mecanismo a mano, nada es para siempre. Ser implicaría permanencia, en todo caso, podría ser durante un tiempo determinado, ínfimo, en la totalidad. Como esos [corchetes] que usábamos en matemática para distinguir un [segmento] de una (línea) infinita.

Es decir, que estoy vivo, por ahora, mientras conformo un blueprint que se parece a Fidel, pero el plano cambia y se crea y se destruye y recrea tantas veces como instantes. Funciono como un sistema abierto, que solo mantiene parte de su configuración, que todo lo va a perder, pero que ganó durante su estadía en este plano.

Parecería también que estoy hecho de tantas cosas que fueron: de polvo de estrellas como le gustaría decir a Carl Sagan y a Atu, pero también de cemento, pasto, árboles, hongos, bosta, cielos, nubes, soles, sales, mis padres, los extraños del colectivo, musgo y las ruedas del tren.

No soy nada y estoy hecho de todo. Más o menos.

Y eso es solo si me identifico con el todo, en lugar de las partes. Desde el lugar privilegiado que me da tener una consciencia, me imagino como esto que sintoniza pensamientos y recibe estímulos del afuera, convirtiéndolos en impulsos eléctricos y químicos.

Pero ¿qué pasa cuando la identificación no es con el todo, sino con la parte que lo compone? ¿Podría identificarme con cada uno de mis átomos? ¿Con los que fueron parte mía y ya no lo son? ¿Con los que van a ser parte de mí? ¿Con los que ahora son parte de otro ser consciente que por ahí da vueltas y quizás me cruzo y ninguno sabe de esa íntima conexión secreta? ¿Y si no hubiese identificación?

Hoy, particularmente, estoy un robot perdido buscando explicaciones.

Abrevio cuanto haya dicho en párrafos anteriores:

  • Iñaki armó una playlist para un jardín cuidado por robots.
  • Atu me marcó la diferencia entre decir soy algo y estoy algo.
  • Yo me enrosqué en la distinción entre ser y estar.
  • A Carmen no le encanta Teseo, pero me gusta hablar de su barco y los Argonautas.
  • Ship of Theseus es también el último libro que me regaló Ana.

Son las 22:08. Seguimos luchando por un horario decente. Hasta la próxima.